El 1 de junio de 2026 está grabado a fuego en nuestros corazones. Hoy celebramos oficialmente el 20 aniversario de Rodila Plus. Al mirar atrás se nos pone la piel de gallina, porque no estamos festejando una cifra en un balance financiero. Celebramos veinte años de vidas compartidas, complicidad y esfuerzo colectivo.
Este logro es, por encima de todo, una victoria humana. Clientes, empleados, proveedores, colaboradores… ¡esta celebración es ante todo vuestra!
Índice
- El primer paso hacia lo desconocido
- Emprender sin red
- El Seat Ibiza rojo y la mística de los inicios
- Trabajar hasta la última gota de sangre
- La influencia de Sigifredo Ortega
- La tormenta de 2008, cuando el suelo desaparece
- 2016 y 2017: el peligro de morir de éxito
- La soledad es la cara oculta del emprendimiento
- Evolución tecnológica con acento humano
- Celebraciones con rostro y alma
- El éxito invisible
- Nuestro agradecimiento infinito
- Mirando al horizonte durante otros veinte años
- Preguntas frecuentes sobre el aniversario de Rodila Plus… con respuestas distendidas
El primer paso hacia lo desconocido
Para comprender verdaderamente quiénes somos en la actualidad, debemos viajar en el tiempo y situarnos en el caluroso verano de 2006. Nuestra fundadora y gerente, Lidia Rodila, inició esta aventura con una mezcla de vértigo paralizante e ilusión desbordante. No había mapas estratégicos. No existían certezas. Solo unas ganas inmensas de salir adelante y construir algo sólido.
La protagonista lo recuerda con brillo en la mirada y voz cargada de nostalgia: «El 1 de junio de 2006 dimos el primer paso sin saber hasta dónde íbamos a llegar. Desconocíamos que veinte años después continuaríamos en pie, con fuerza, con ilusión y siendo quizá una de las empresas de servicios de limpieza mejor valoradas de Zaragoza».
Emprender sin red
Dar ese paso inicial requiere un coraje especial. Cuando se funda una empresa de servicios desde cero, la incertidumbre es la compañera de viaje cotidiana. En aquellos primeros días, cada pequeño contrato cerrado era celebrado como la final de un mundial. Cada cliente que confiaba en nosotros nos inyectaba la energía necesaria para continuar. Emprender sin red de seguridad forja el carácter. Enseña a no dar nada por sentado y a pelear por cada milímetro de progreso.
El Seat Ibiza rojo y la mística de los inicios

Nuestros cimientos empresariales no se construyeron en modernos despachos de cristal. La historia de Rodila Plus comenzó en la calle. Empezamos con unosrecursos… entrañables: «Aquel verano arrancamos con un Seat Ibiza rojo, unas fregonas y algunas escobas».
Ahora bien, aquel Ibiza rojo se convirtió en el corazón logístico de la empresa. Era nuestra oficina móvil, nuestro almacén rodante y, puntualmente, nuestra sala de reuniones. Ese pequeño utilitario sigue encerrando una lección vital: «Tiene tanto valor como simbolismo. Demuestra que, cuando trabajamos con constancia, reinvertimos en nuestro proyecto y creemos en lo que estamos haciendo, poco a poco las cosas evolucionan», destaca Lidia.
Comenzar desde lo más humilde nos enseñó a mirar a las personas a los ojos. Entendimos que cada cliente que nos abría la puerta de su negocio nos estaba entregando algo sagrado: su confianza ciega. Esa cercanía fundacional, distribuida desde un coche cargado de fregonas, es el alma que hoy seguimos protegiendo.
Trabajar hasta la última gota de sangre
La juventud tiene un motor interno inagotable. Cuando se fundó Rodila Plus, la edad media de nuestro equipo directivo era insultantemente joven. Lidia apenas contaba con 23 años. A esa edad, el cansancio parece no existir, porque la determinación suple cualquier carencia material o financiera.
Tanta energía desbordante se transformó en una cultura de trabajo muy próxima a lo épico. Nuestra gerente recuerda perfectamente cuál era el mantra compartido: «Yo tenía una frase que se sabían todos los trabajadores de entonces: Vamos a trabajar hasta dejarnos la última gota de sangre, y cuando la hayamos dejado, pediremos una transfusión».
Una fe absoluta en el proyecto
Aunque era una frase hiperbólica y juvenil, reflejaba una verdad inquebrantable. Una forma de entender la vida y los negocios. «Esa era mi manera de concebir Rodila Plus: esfuerzo, compromiso, resistencia y fe absoluta en que merecía la pena seguir adelante.
No había horarios. No había fines de semana libres si un cliente nos necesitaba. Nuestra convicción era que estábamos construyendo algo grande. Dos décadas más tarde, el resultado de esa entrega es rotundo. Lidia lo resume con una sonrisa evocadora: «Hoy, 20 años después, puedo afirmarlo: mereció la pena».
La influencia de Sigifredo Ortega
En la gestación de Rodila Plus, el verdadero punto de inflexión no fue un contrato comercial, sino el encuentro fortuito con una persona excepcional: Sigifredo Ortega Tarancón.
Como reflexiona Lidia, recordando la novela El Conde de Montecristo: «En ese libro aparecen constantemente encuentros fortuitos que cambian destinos y alteran vidas enteras. Eso supuso para mí encontrarme con Sigifredo Ortega».
Un legado imborrable
Para Lidia, el señor Ortega fue un segundo padre. Su reciente fallecimiento a los noventa y tres años dejó un enorme vacío en cuantos lo conocieron, el celo por la calidad y su vocación de servicio continúan siendo el faro de nuestra empresa.
«Sin haberlo conocido creo que todo esto, seguramente, no habría sido posible. Mi propia vida habría sido diferente. Todo el mundo debería tener la oportunidad de cruzarse alguna vez con un ser humano así».
Él es historia viva en la génesis de nuestra gran familia. Para profundizar en la figura de nuestro mentor, os invitamos a leer este homenaje escrito que le tributamos en 2023: En recuerdo de Sigifredo Ortega Tarancón.
La tormenta de 2008: cuando el suelo desaparece
La verdadera identidad de una empresa no se demuestra cuando el viento sopla a favor, sino cuando se enfrenta a la peor tormenta. Esa prueba de fuego nos llegó demasiado pronto. En 2008, con apenas dos años de vida operativa, la brutal crisis financiera y de la construcción en España nos golpeó de lleno.
Gran parte de nuestra cartera de clientes estaba vinculada a las limpiezas de fin de obra. De la noche a la mañana, el sector se paralizó y el suelo desapareció bajo nuestros pies.
Las consecuencias fueron devastadoras para nuestro flujo de caja. Grandes constructoras paralizaron sus pagos y «nos dejaron a deber muchísimo dinero, el cual nunca cobramos. Nos enfrentamos a un escenario de asfixia económica brutal». Jamás logramos recuperar ese dinero. En una situación así, lo más fácil y habitual en el mercado es encadenar los impagos. Muchas empresas deciden no pagar a sus proveedores o retrasar las nóminas de sus empleados para salvar la sociedad. Pero en Rodila Plus, ni siquiera lo consideramos.
La decisión que lo cambió todo: proteger a la gente
Los momentos de pánico ponen a prueba de verdad los valores corporativos. Nuestra dirección definió el bienestar de los trabajadores como una línea roja intocable. El sudor de quienes habían limpiado aquellas obras merecía un respeto sagrado. En palabras de Lidia, «nunca dejamos de pagar a nuestros trabajadores ni a nuestros colaboradores. Lo digo con mucho orgullo».
Para poder cumplir con esa promesa, nuestra fundadora tomó una decisión extrema, que iba mucho más allá de la gestión empresarial y se adentraba en el sacrificio personal. «En aquel momento decidí apostar por Rodila Plus. Rehipotequé mi casa para poder seguir adelante, pagar a todo el mundo y evitar una suspensión de pagos».
Arriesgar el propio hogar familiar para salvar las nóminas de tu equipo es un profundo acto de generosidad. Fue una decisión durísima, pero se adoptó con plena consciencia y forjó un pacto de lealtad indestructible dentro de la empresa. Nos demostró que, en esta casa, las personas siempre van por delante de los números.
La urgencia de reinventarse y encontrar oxígeno
Haber salvado aquel primer gran obstáculo no garantizaba la supervivencia. Con el mercado inmobiliario hundido, la empresa necesitaba una transformación radical. Resistir no era suficiente; había que reinventar el modelo de negocio para encontrar la estabilidad. «Decidimos clasificar y catalogar la empresa para poder trabajar con la Administración Pública».
Entrar en el sector público nunca es una tarea sencilla. Requiere superar procesos administrativos exhaustivos, demostrar solvencia técnica y financiera, y elevar los estándares de calidad al máximo nivel. Resultó un trabajo extenuante para todo el equipo de oficinas. Con todo, entre 2009 y 2010, abrimos esa línea de trabajo que nos dio un balón de oxígeno para continuar.
Lograr esas clasificaciones estatales fue nuestro salvavidas. Comenzamos a encargarnos del mantenimiento de colegios, centros cívicos y edificios oficiales. Gracias a ello, diversificamos riesgos y sentamos las bases de un crecimiento ordenado y mucho más seguro.
2016 y 2017: el peligro de morir de éxito
A mitad de nuestro viaje, cuando soplaban los mejores vientos a favor, nos tocó enfrentarnos al enemigo más silencioso y paradójico del mundo empresarial: el crecimiento descontrolado. Es decir, lo que comúnmente se conoce como morir de éxito. Entre los años 2016 y 2017, Rodila Plus experimentó una expansión meteórica. Crecimos demasiado, demasiado rápido y demasiado pronto.
Llegamos a alcanzar la vertiginosa cifra de 260 trabajadores fijos en plantilla. Lo que parecía un sueño idílico sobre el papel se convirtió rápidamente en un auténtico desafío de gestión. La estructura interna de la empresa comenzó a tensarse al máximo, y tras ciertas dificultades operativas y de control, el barco empezó a tambalearse peligrosamente.
Gestionar un volumen humano y logístico tan impresionante sin una transición progresiva puso a prueba, una vez más, la supervivencia de la compañía.
Una lección de oro para el futuro
Afortunadamente, logramos sujetar el timón con firmeza. Reajustamos los procesos, profesionalizamos aún más los mandos intermedios y logramos estabilizar la nave sin perder nuestra esencia familiar ni la cercanía con el cliente.
Aquellos meses de vértigo nos dejaron este aprendizaje valiosísimo: «Cuando las cosas van mal hay que estar alerta y pelear; pero cuando van extremadamente bien, incluso mejor que nunca, es cuando hay que permanecer aún más pendientes. El éxito ciego puede ser mucho más peligroso que una época de vacas flacas».
Esta gran crisis superada nos ayudó a madurar, a crecer con cabeza y a entender que el verdadero valor de Rodila Plus no se mide por el tamaño de nuestra plantilla, sino por la solidez y la calidad humana de cada paso.
La soledad es la cara oculta del emprendimiento
A menudo, la sociedad idealiza la figura del empresario. Solo se aprecian los éxitos, los vehículos rotulados y las oficinas en funcionamiento. Sin embargo, existe una cara B mucho más áspera. Hablamos del coste psicológico que conlleva liderar un proyecto del que dependen decenas de familias.
Lidia se sincera sobre este aspecto con una claridad estremecedora: «Si tras 20 años de emprendimiento me preguntas qué ha sido lo más difícil que he vivido, sin duda diría que la soledad. Para el pequeño empresario y el emprendedor, es absoluta a menudo». Lejos de ser voluntaria, es una soledad protectora; el escudo que el líder levanta para no trasladar la angustia a quienes le rodean. «Cuando tienes dificultades, no las puedes contar al cliente, porque necesitas que siga confiando en ti y en tu empresa. Y tampoco puedes transmitirle esa carga al trabajador o al colaborador, pues precisas que mantenga el entusiasmo, la ilusión y la confianza en el proyecto».
Afrontar en solitario el estrés financiero, el miedo a no llegar a fin de mes o la incertidumbre del mercado es agotador: «Así que muchas veces el empresario lleva sus preocupaciones en silencio. Es algo que cualquier persona emprendedora debería saber».
La canción rumana y la resistencia vital
Lidia se sincera: «No voy a negar que en estos veinte años ha habido momentos en los que pensé en tirar la toalla». En medio de esa soledad y de las crisis recurrentes, la tentación de rendirse es muy humana. Cuando la presión es insoportable, resulta lógico considerarlo.
Sin embargo, «hay algo que nos empuja a las personas como yo: muchas veces no hay otra alternativa que seguir peleando». Ese instinto de supervivencia profundo deriva en un empuje irracional que te obliga a dar un paso más.
Nuestra gerente recuerda a menudo una anécdota musical que ilustra perfectamente esta actitud vital. Se trata de un recuerdo de juventud que se convirtió en su himno personal de resistencia: «Había una canción rumana de mis tiempos mozos que decía algo así como: Escogí hacer esto porque otra cosa no había. Considero que, en parte, ha sido mi caso. Cuando uno entiende que no hay otra, pelea hasta el final por su proyecto». Al no haber un plan B cómodo esperándote, sacas fuerzas de donde no las hay.
Esa mentalidad de resistencia numantina nos ha permitido superar dos décadas de altibajos económicos globales.
Evolución tecnológica con acento humano
El romanticismo de los inicios es hermoso, pero no basta para sobrevivir veinte años en un mercado tan competitivo. Hoy en día, el sector de la limpieza profesional exige innovación constante, auditorías rigurosas y procesos altamente técnicos. En Rodila Plus hemos abrazado esta transformación con entusiasmo.
De hecho, nuestra evolución operativa ha sido espectacular. Hemos reinvertido sistemáticamente nuestros beneficios en adquirir la mejor tecnología del mercado. Actualmente, en algunas áreas de servicio, somos la única empresa de Zaragoza que dispone de determinados equipos y sistemas de trabajo especializados.
Ahora bien, esta tecnología tiene un propósito profundamente humano. No compramos máquinas para sustituir a las personas, sino para dignificar y optimizar su trabajo. Mejores equipos significan mayor seguridad laboral, menos esfuerzo físico y resultados impecables para nuestros clientes.
Celebraciones con rostro y alma
Siempre hemos puesto el foco en las personas y, como no podía ser de otra manera, también lo hemos hecho durante las celebraciones de nuestro aniversario. Festejar supone compartir; la alegría siempre es mayor cuando se distribuye.
Por eso, para conmemorar nuestro 20 aniversario de Rodila Plus, hemos decidido huir de los típicos eventos meramente cosméticos o fríos. Nos hemos decantado por hitos creativos que pusieran a nuestra gente en el centro de los focos.
1- Videoclip, el ritmo de los nuestros
Queríamos cambiar una realidad injusta: la limpieza suele ser un oficio invisible. Así, creamos un hit musical muy pegadizo y grabamos un videoclip con mucho ritmo. Sus protagonistas fueron nuestros operarios, técnicos y supervisores. Ver a nuestro equipo bailar y sonreír empuñando sus herramientas ha sido una demostración genuina de orgullo corporativo. Esto es hacer marca, porque las personas construyen y encarnan las marcas que enamoran.
2- Grafiti corporativo, arte efímero y conexión con el entorno
En lugar de colgar una lona aburrida, cedimos nuestra fachada central a un grafitero zaragozano. Creó un mural impresionante sobre nuestra esencia. Su naturaleza efímera nos inspiró una idea que conecta lo que somos con lo que hacemos. Al finalizar el año de aniversario, nuestros equipos borrarán el mural utilizando la tecnología que proporcionamos a nuestros clientes. Es la mezcla perfecta: apoyamos el arte urbano y, a la vez, demostramos en vivo la altísima capacitación técnica de nuestra plantilla. ¿Todavía no has visto el grafiti de Rodila Plus?
3- Fragancia corporativa, la memoria olfativa
La limpieza entra por los ojos, pero también por el olfato. Para inmortalizar este aniversario, trabajamos con maestros perfumistas para destilar la fragancia exclusiva de Rodila Plus. Es un aroma que transmite frescura, trabajo bien hecho y calidez humana. La hemos entregado a clientes y empleados para que siempre recuerden a qué huelen veinte años de constancia y determinación.
El éxito invisible
Al preguntarle a nuestra fundadora cuál ha sido su mayor logro, jamás habla de facturación ni de cuotas de mercado. Refiere nombres, apellidos e historias de superación personal. «Las empresas de limpieza solemos ser empresas de paso. Lugares donde las personas trabajan hasta que encuentran otra oportunidad mejor o distinta». Con todo, Lidia tiene muy claro que ser una empresa así no es un defecto, sino una inmensa responsabilidad social. Significa que, a menudo, recibimos a personas que necesitan urgentemente estabilizar sus vidas.
«Lo más bonito ha sido ver que he podido colaborar, aunque sea un poquito, en la vida de otras personas. Sobre todo, de personas que puntualmente estaban en situaciones vulnerables y a las que hemos proporcionado un trabajo digno, correctamente remunerado, y un trato humano y respetuoso. Ver cómo un trabajador recupera su autoestima, saca adelante a su familia o encuentra la paz económica gracias a nuestra empresa es el mayor dividendo posible. Me siento orgullosa de haber podido aportar algo positivo a tantas personas durante todos estos años».
Devolver lo recibido: la cadena del bien
La madurez empresarial proporciona una perspectiva social mucho más amplia. Nadie vive aislado en una burbuja mercantil. Por eso, en Rodila Plus creemos firmemente que las empresas tienen una obligación moral ineludible con su entorno.
«Estoy colaborando activamente en formación y con asociaciones que ayudan a inmigrantes y personas desfavorecidas. Lo hago de manera totalmente altruista, con el único objetivo de devolver a la sociedad una pequeña parte de cuanto la sociedad nos ha dado a nosotros», confiesa Lidia Rodila. Internamente, denominamos la cadena del bien a esta filosofía solidaria, basada en un principio universal tan sencillo como poderoso: «Muchas veces, es imposible devolver el bien que recibimos, exactamente, a la misma persona que nos lo hizo. Pero sí podemos hacerlo con otras personas. Y, así, la cadena del bien continúa funcionando».
Por otra parte, en veinte años da tiempo a conocer la mejor y la peor cara del ser humano. En los negocios te cruzas con gente maravillosa que te eleva. Pero, inevitablemente, asimismo te encuentras con traiciones, envidias y malas artes. Así, hemos coincidido con personas que nos han puesto palos en la rueda. Lo fácil sería guardar rencor. Lo sano, sin embargo, es aprender y transformar el daño en sabiduría: «A esas personas también hemos de darles las gracias, porque de una manera u otra nos han hecho más fuertes, nos han obligado a reinventarnos y han impulsado nuestro crecimiento», lo resume Lidia.
Colaborar en lugar de destruirnos
Ese aprendizaje vital nos ha llevado a desarrollar una visión muy particular sobre el tejido empresarial de nuestra tierra. El mercado no debería ser un campo de batalla donde el objetivo sea aniquilar al competidor. Aragón necesita líderes generosos. Empresarios dispuestos a compartir sus fracasos para que otros no los repitan, y transmitir sus aciertos para que los demás los aprovechen. «Lo hacemos con ilusión y muchísimo gusto. Porque creo de corazón que la vida es un poquito más fácil si todos nos echamos una mano. En vez de competir para destruirnos, el camino es colaborar para ser mejores y avanzar juntos».
Nuestro agradecimiento infinito
Este artículo nos ha emocionado. Escribir estas líneas nos hace darnos cuenta de nuestra inmensa suerte. Este viaje no es la biografía de una sola persona, sino la historia de miles de manos entrelazadas: «Después de 20 años, comprendemos que todo suma: las ayudas, las dificultades, las caídas y cuantas veces hubo que levantarse. Quizá ahí está realmente la esencia de Rodila Plus».
Desde nuestra empresa, con Lidia Rodila a la cabeza, queremos transmitir un mensaje cristalino a toda nuestra comunidad. El mérito de haber llegado hasta aquí es la consecuencia del esfuerzo de mucha gente: trabajadores, colaboradores, clientes, proveedores y cuantas personas, en distintos momentos, han aportado algo para que Rodila Plus siguiera avanzando.
A todos vosotros, cuantos estáis o habéis estado a nuestro lado, gracias por vuestro esfuerzo titánico e invisible. Gracias por millones de todo corazón: «Quiero subrayar especialmente nuestro agradecimiento eterno a todas las personas y organizaciones que han confiado en esta empresa durante todos estos años. A todos los clientes que nos han dado trabajo, que nos lo siguen dando y que han creído en nosotros».
Mirando al horizonte durante otros veinte años
«No sabemos exactamente qué nos deparará el futuro ni hasta dónde podremos llegar. Pero si la vida nos permite seguir aquí otros veinte años más, lo agradeceremos profundamente», asegura Lidia Rodila sin una bola de cristal con la que hacer predicciones. Ahora bien, nuestra actitud permanece intacta. Esa es la única certeza absoluta que tenemos.
Ojalá nos sigáis permitiendo acompañaros muchos años más; porque nuestra ilusión, nuestras ganas y nuestro compromiso están enfocados hacia otras dos décadas más.
Gracias por acompañarnos en este viaje maravilloso. Y, sin más demora, seguimos escribiendo juntos la historia de Rodila Plus a partir de este vigésimo aniversario.
Preguntas frecuentes sobre el aniversario de Rodila Plus… con respuestas distendidas
¿Cuántos años más va a seguir Rodila Plus ‘dando guerra’ en el sector?
¡Mínimo otros veinte añazos! Os aseguramos que nos sentimos con más fuerza, más ilusión y más jóvenes que nunca. Mientras Zaragoza y Aragón necesiten manos expertas y corazones comprometidos para mantener sus espacios impecables, seguiremos al pie del cañón. Ahora bien, solo un matiz: no vamos a dar guerra, sino a dejar satisfacción, tranquilidad y mucha paz en nuestros clientes. ¡Id preparando la agenda para nuestro cuadragésimo aniversario!
¿Por qué un Seat Ibiza rojo fue tan importante al crear Rodila Plus?
¡Porque más que un coche, era una navaja suiza sobre ruedas! No solo transportaba. Era nuestra oficina móvil, nuestra centralita de atención al cliente y nuestro almacén logístico. En sus asientos traseros cabían las fregonas, las escobas y, lo más importante, las inmensas e infinitas ganas de triunfar de Lidia. Se ha ganado a pulso ser el vehículo más querido y mítico de nuestra historia empresarial.
¿A qué huelen exactamente estos veinte años de historia en forma de fragancia?
Nuestra nueva fragancia corporativa huele a trabajo bien hecho. Hemos logrado crear una mezcla perfecta de frescura cítrica, sensación de limpieza profunda y calidez humana. Hemos conseguido embotellar, literalmente, el olor del éxito que se respira tras dejar un espacio impecable. Es un aroma delicado que transmite tranquilidad, confianza y profesionalidad. ¡Tienes que comprobarlo!
¿Qué pasa si algún día se os acaba la ‘última gota de sangre’ de la que habla Lidia Rodila?
¡Esa pregunta es muy fácil! Pediremos una transfusión masiva e inmediata de energía a todos nuestros clientes, trabajadores y amigos de Aragón. Vuestra confianza diaria, vuestro apoyo constante y vuestro cariño son el mejor y más potente reconstituyente para seguir peleando a tope por este proyecto tan nuestro. ¡Muchísimas gracias por formar parte de esta enorme comunidad!







