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Vivir es decidir

Tomar decisiones, decidir, no suele ser sencillo. En el cine encontramos un ejemplo extremo de ello en la dramática película La decisión de Sophie, interpretada por Meryl Streep en 1982, en la cual su protagonista es incapaz de decidir a cuál de sus hijos salvar la vida en un campo de exterminio nazi, por lo que acaba perdiéndolos a ambos y arrastrando las dolorosas consecuencias de su indefinición durante toda la existencia.

Afortunadamente, la mayoría de nuestras decisiones no son tan trascendentes: qué tono de chaqueta me pongo, qué menú voy a tomar, a qué lugar voy a ir de vacaciones o qué libro empezaré a leer son algunas de ellas. Pero, no nos engañemos: dado que pasamos el día decidiendo —ejerciendo, pues, nuestra libertad individual—, muchas de estas decisiones acaban determinando nuestro porvenir directa o indirectamente. Quizá tomar esa ensalada césar, y no la pasta carbonara que inicialmente nos atrajo, puede habernos librado de una grave intoxicación; o tal vez, en la novela finalmente elegida, encontraremos las claves que nos ayudarán a resolver uno de nuestros mayores problemas personales. Además, hay decisiones que son, per se, trascendentales: con qué personas nos comprometemos emocionalmente, en qué ciudad vamos a vivir, a qué profesión nos dedicamos o a qué colegio vamos a llevar a nuestros hijos, entre ellas.

Decidir en la empresa

En el ámbito de la dirección empresarial, también ocurre igual. Da lo mismo si dirigimos una empresa de limpieza o una gasolinera: sus máximos responsables se pasan el día a día decidiendo qué oferta se va a presentar a un cliente, a qué candidato se contrata, con qué proveedor se firmará el acuerdo, qué nuevos mercados se van a explorar o cuándo es el momento de renovar la identidad corporativa, por ejemplo. Las consecuencias presentes y futuras de cada toma de postura serán determinantes para la empresa y sus miembros. Por eso, cada decisión ha de ser muy bien analizada. Cada una de ellas afecta al devenir de la compañía no solo a corto plazo, sobre todo en el futuro. Y, como a menudo, arreglar lo inmediato es incompatible con lo mejor a largo plazo, las cosas se complican.

Porque la empresa no es lo que pasa hoy; sino, ante todo, lo que va a pasar mañana. En palabras de Lidia Rodila, gerente de nuestra empresa de servicios generales de limpieza: «Dime qué hicieses ayer para poder saber qué harás mañana».

Por eso, y porque en nuestra organización nos formamos permanentemente todos, incluida nuestra máxima responsable, Lidia ha realizado un curso de la escuela de negocios ESIC centrado en cuestiones de management y dirección humana, que ha incluido áreas como la inteligencia emocional, la gestión de conflictos, el liderazgo, los equipos de alto rendimiento y la toma de decisiones, posiblemente la parte que más ha interesado y cautivado a Lidia. Entre los temas tratados, las diferencias existentes entre los hombres y las mujeres a la hora de tomar sus decisiones.

¿Decidimos igual los hombres y las mujeres?

En Internet circula un vídeo que fue tomado por un videoaficionado durante un safari en Kenia. Recoge la escena de una pareja de leones cazando ñúes. La leona, que llega la primera, pasa más de un minuto inmóvil sin decidir qué presa atacar; el león, en cuanto aparece, ataca el primer ñu que ve cercano.

Algunos estudios parecen reflejar que existen diferencias cerebrales entre los dos sexos: para empezar, el cerebro femenino es más pequeño (pesa unos 100 gramos menos), lo cual invita a pensar que la emoción adquiere una mayor influencia en las reflexiones femeninas —la mítica, y en ocasiones infalible, intuición femenina—. Los especialistas en educación diferenciada, por su parte, aseguran que la capacidad de concentración, asimilación y trabajo de las mujeres es mucho más duradera y provechosa; a pesar de que, según han reflejado numerosos estudios, los hombres tienen un coeficiente intelectual —en términos estadísticos— mayor que las mujeres.

Más allá de las variaciones y los estilos decisorios entre sexos, los hombres y las mujeres debemos ser conscientes de que decidir marca nuestro porvenir. Por eso debemos estudiar mucho cada posicionamiento importante en nuestra vida… y nuestra empresa.

Porque elegir supone renunciar.

Y tanto la personas como las empresas —por supuesto, incluidas las del sector de servicios de limpieza al que pertenecemos— no solo somos lo que hacemos, sino también lo que no hacemos. Decidir es nuestra esencia.

 

CERTIFICADO MATERIAS TRATADAS                DIPLOMA - CERTIFICADO ASISTENCIA CURSO ESIC

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