Evidentemente, todos necesitamos trabajar. Crear y mantener una empresa de limpieza no es tarea sencilla, desde luego, y solamente contar con un volumen suficiente de clientes nos permite ser rentables y sostener nuestro proyecto en beneficio de todos. En cualquier caso, la dignidad profesional es un activo.
Existen muchos tipos de clientes. Con algunos de ellos da gusto trabajar, tanto que incluso lo haríamos en determinadas circunstancias aunque no pudieran pagarnos. En el otro extremo, hay clientes difíciles, complicados, ariscos o desconfiados con los que resulta difícil establecer una relación gano-ganas, positiva y satisfactoria para todas las partes.
La experiencia profesional que estamos adquiriendo en el ámbito de los servicios generales de limpieza —un sector especialmente complejo por sus particulares circunstancias—, nos ha demostrado en la práctica que trabajar con buena gente es el mayor estímulo para optimizar nuestra labor y conseguir la completa satisfacción del cliente que siempre perseguimos. Y, en este caso, consideramos «buena gente» a las personas y empresas que saben hacer partícipes de sus proyectos a sus colaboradores, que los valoran personal y profesionalmente, que saben agradecer los servicios recibidos y que, en todo caso, les dirigen un exquisito respeto y una exigente confianza.
Por la dignidad profesional
El dinero es importante, pero no es el único motivo de la actividad profesional. Por desgracia, nuestro sector nunca ha gozado de una imagen cuidada —posiblemente por el devenir histórico de estos servicios—, lo cual conlleva en ocasiones un trato inadecuado a los profesionales de este campo. Algunas personas que contratan nuestra colaboración tienen dificultades para mostrar el respeto debido a estos profesionales, quienes desempeñan con constancia, cualificación y máximo interés su actividad. Quizá sea una consecuencia de la actual pérdida de valores, o una rémora de una pasado demasiado reciente en el que estos trabajos se infravaloraban, pero lo cierto es que así es.
Sea como sea, los auténticos profesionales del sector limpieza español tenemos la responsabilidad de seguir profesionalizando, y dignificando, el desempeño de nuestra actividad. Por eso, en casos extremos, tenemos que tomar decisiones dolorosas y renunciar a clientes que, si bien económicamente pueden resultar rentables, no son capaces de valorar y respetar nuestro trabajo ni a los profesionales que lo realizan.
A todos nos resulta necesario trabajar, pero no hay que hacerlo de cualquier manera ni a cualquier precio. El respeto y la dignidad son irrenunciables. La máxima «el cliente siempre tiene la razón» solo es válida como objetivo-tendencia, porque el cliente pierde esa razón cada vez que actúa erróneamente.
Por fortuna, y gracias a la modernización, la cualificación y la profesionalización progresivas del sector que estamos llevando a cabo un buen número empresas de limpieza, como Rodila Plus, este tipo de situaciones se están convirtiendo en casos cada vez más aislados e infrecuentes. Sin embargo, con ellos la tolerancia ha de ser cero. Y para el resto de los casos, nuestro servicio ha de ser máximo. Porque la dignidad profesional es un activo.




