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Grupo San Valero: un sueño alcanzado

El avance empresarial se nutre de logros, retos e ilusiones personales. De sueños que se convierten en estímulos para perseguir metas concretas. La historia del progreso está repleta de ejemplos de este tipo. Para una empresa de servicios de limpieza como Rodila Plus, algunos de estos objetivos adquieren un extra de afectividad, motivación y cercanía que deriva en una satisfacción integral cuando finalmente se alcanzan. ¿Te suena Grupo San Valero?

La reciente adjudicación del concurso para el desarrollo de los servicios de limpieza de todos los edificios integrados en el Grupo San Valero nos ha llenado de alegría. Tras una exigente concurrencia ha recaído, finalmente, en nuestra empresa.

Se trata, desde luego, de un atractivo encargo que incluye la limpieza general de los edificios de Fundación San Valero, SEAS y Universidad San Jorge. Un éxito profesional incuestionable que ha sido conseguido en buena lid con las otras ocho empresas invitadas, para cuyo logro tuvimos que preparar una oferta técnica ambiciosa, imaginativa y muy solvente que cubriera las expectativas de excelencia del cliente.

El Grupo San Valero es, sin género de dudas, un cliente de referencia del que cualquier empresa de limpieza puede sentirse orgullosa. Pero, para nosotros, este contrato supone mucho más. Porque, como decíamos al comenzar este post, existen ilusiones, anhelos y logros que tienen alma propia. Proyectos con una intrahistoria personal que los individualiza, los subraya y los eleva a la categoría de emocionalmente extraordinarios.

Este es uno de ellos. Nuestra gerente, Lidia Rodila, fue alumna de la Universidad San Jorge durante una temporada: «Cada mañana que acudía a clase —recuerda— me decía que algún día mi empresa limpiaría esos edificios. Siempre lo tuve presente y por eso, en cuanto se presentó la oportunidad, llevé a cabo las gestiones necesarias para poder hacerlo».

Así, hace un par de años pudimos optar a la prestación de estos servicios de limpieza y nos presentamos al concurso de adjudicación, previa invitación de los departamentos competentes de la USJ. En esa primera ocasión, por desgracia, nos quedamos fuera en la decisión final. Supuso para nuestro equipo un gran disgusto, como consecuencia de la enorme ilusión que nos hacía el proyecto. Y sobre todo para Lidia, que había retomado esos sueños juveniles que la acompañaron durante su formación universitaria.

En Rodila Plus tenemos muy presente que «quien tropieza y no cae, adelanta camino». Superada la decepción inicial, analizamos lo ocurrido y comenzamos a plantearnos cómo podíamos hacerlo mejor, una práctica habitual en nuestro día a día. Estudiamos los errores cometidos y nos pusimos a trabajar en ello con más fuerzas, energía e ilusión, incluso, que al principio. Por eso, la segunda oportunidad nos encontró más preparados que nunca. Estando en ciernes la finalización del anterior contrato de limpieza, la USJ volvió a invitarnos al nuevo procedimiento de selección, con la novedad de que, en este caso, los servicios solicitados se ampliaban desde la universidad a todos los edificios de Fundación San Valero. El reto, y la responsabilidad, se incrementaban todavía más.

Trabajar con Grupo San Valero

Así que nos pusimos a trabajar partiendo de todo lo aprendido y poniendo el corazón, y la cabeza, en la elaboración de la oferta técnica, las mejoras y la propuesta económica. Afortunadamente, recibimos el enorme privilegio de ser los elegidos, por lo que a partir de septiembre comenzaremos a desempeñar los servicios de limpieza de todos los edificios de esta institución.

«El 1 de junio de 2016 —recuerda Lidia Rodila—, precisamente el día que cumplíamos 10 años de actividad, fui convocada a una reunión con los gerentes de los tres centros del Grupo en la que, tras un intenso intercambio informativo, Jesús Cobos (gerente de USJ) me dio la enhorabuena junto a la deseada noticia: ¡éramos la empresa elegida!».

Fue, sin duda, el mejor regalo con el que celebrar nuestro aniversario. Pero, para nuestra gerente, y para todo el equipo, suponía mucho más: «Siempre recordaré ese momento. Salí de la reunión a la una y media, y, bajo un sol de justicia, contemplé los edificios, el parque, la arboleda, los grupos de alumnos que me recordaban mi pasado. Al rememorar aquel sueño de juventud tan arraigado, me eché a llorar. Llamé a mi equipo, entre sollozos, y les dije: “El contrato es nuestro”. Mi compañera Sara, con la voz también entrecortada, me animó a regresar cuanto antes a la oficina para celebrarlo».

El sueño se está haciendo realidad. Está ahí delante, a nuestro alcance. Pero no nos conformamos con rozarlo. Vamos a demostrar que nos lo merecemos. Estamos convencidos de que lo haremos muy bien. De que, pese a la incuestionable calidad de las demás propuestas presentadas, somos la mejor alternativa. Agradecemos a la Fundación San Valero y a todo su equipo directivo la confianza y la oportunidad que acaban de brindarnos. Vamos a estar a la altura. Porque ese sueño tan bonito y personal de Lidia Rodila es, ya, el de todos y cada uno de nosotros. Y porque estamos decididos a mantenerlo vivo, realizando nuestro trabajo con eficacia, profesionalidad y poniendo el corazón al servicio de la Fundación San Valero.

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