Hay realidades que son inaceptables. Una empresa de servicios de limpieza como la nuestra, integrada mayoritariamente por mujeres —el 95 % de nuestra plantilla lo son—, se encuentra especialmente sensibilizada con esa lacerante lacra social que constituye la violencia de género, la cual se ha cobrado ya su tercera víctima mortal en lo poquito que llevamos de año. ¡Decimos no a la violencia de género!
¡No a la violencia de género!
Se trata de un problema aterrador e incomprensible: dos millones de españolas se encuentran condenadas a vivir el infierno cotidiano de las vejaciones de su pareja o expareja, una realidad que con detestable frecuencia deviene en ese final mortal que nos sacude de pleno cuando los medios de comunicación se hacen eco de cualquier caso concreto. La violencia machista es un horroroso sinsentido que nos amenaza a todos, hombres y mujeres.
Siempre es lamentable el final anticipado de una vida, pero cuando se trata de una muerte provocada por la persona con la que convives, con la que has compartido un proyecto común, aquella que supuestamente te ama o lo ha hecho alguna vez, la sinrazón alcanza inescrutables dimensiones.
Las mujeres son transmisoras de vida. Gracias a las madres, el género humano se reproduce y las comunidades se repueblan. Las extinción humana sería inevitable sin mujeres. Así, la inseguridad, la amenaza colectiva con la que este tipo de violencia sacude nuestros cimientos sociales trasciende las cifras globales de defunciones y afectadas. No se trata solo de una cuestión cuantitativa; es, fundamentalmente, una tragedia en términos cualitativos.
El drama de las mujeres
Desde 2001, 864 mujeres se han convertido en víctimas mortales de la violencia machista en España. 57 en 2015. Durante las dos primeras semanas de este nuevo año ya han sido asesinadas tres mujeres: dos de ellas de origen rumano, una nacionalidad a la que en nuestra empresa de limpieza nos sentimos especialmente cercanos, ya que contamos con una considerable cantidad de compañeros rumanos en nuestra plantilla.
Continuando con los datos cuantitativos, en 2015 se alcanzó una cifra récord de llamadas al 016, el servicio telefónico nacional de información y asesoramiento jurídico en materia de violencia de género. El apoyo cualificado de profesionales especializados, así como la absoluta confidencialidad —la llamada ni siquiera deja rastro en la factura del teléfono—, lo han convertido en un respaldo decisivo para las mujeres maltratadas.
Este incremento en su uso admite una doble lectura: desde un punto de vista negativo, plantea que el problema está creciendo —lo cual constatan también los otros indicadores presentados—; desde un enfoque positivo, refleja que cada vez más mujeres afectadas están tomando la iniciativa para escapar de su calvario.
Todos somos víctimas
Como sociedad, todos somos víctimas indirectas de la violencia de género. Todos debemos proteger a esas mujeres con nombres y apellidos, con rostro y sentimientos, con padres, familiares y amigos que las quieren de verdad, con una biografía, un presente y unas expectativas individuales que nadie, mucho menos sus parejas, tienen derecho a cercenar. Está en manos de todos nosotros hacer algo al respecto. Nuestro silencio, nuestra laxitud, puede hacernos cómplices. Da igual si somos una empresa de servicios de limpieza, una institución o un simple vecino. Debemos gritar NO, con todas nuestras fuerzas, a la violencia de género. No basta con mostrar un lazo violeta cada vez que se hace pública la última tragedia. Hay que llevarlo siempre en nuestro corazón, en nuestro pensamiento, en esa voz activa que nos permite denunciar, apoyar y proteger ante la mínima sospecha o evidencia.




